La ofensiva de los Azules estuvo diezmada. Andrés Hernández conectó uno de los dos hits de Industriales ante Cienfuegos

Cienfuegos no tuvo piedad de Industriales y los dejó en solo 2 hits

Por Boris Luis Cabrera

Yusniel Ibáñez desapareció la esférica del parque con las almohadillas repletas y Carlos Damián Ramírez lanzó el juego de su vida, para que los Elefantes de Cienfuegos aplastaran sin piedad a los Industriales de la capital con pizarra final de 8-1.

Ramírez, un lanzador derecho que en la serie pasada salió derrotado en seis ocasiones sin la sombra de un éxito y aceptó más de seis carreras limpias por juego de nueve entradas; se creció en el montículo y mantuvo manso a los Leones durante siete episodios, aceptando apenas un imparable mientras liquidaba a seis por la vía del ponche.

Una entrada antes de irse a descansar, su tropa sureña había emboscado al novel relevista Erick Christian González combinándole un par de boletos con tres cañonazos-entre ellos el bambinazo de Ibáñez-para terminar la masacre y acabar de enterrar las aspiraciones industrialistas en la arcilla del 5 de septiembre ante la mirada eufórica de la fanaticada allí presente.

El abridor por los azules, Vladimir Baños, todo el tiempo en problemas durante los cinco capítulos que trabajó, lució como un carbonero sin zapatos sobre las brasas encendidas y se fue a las duchas permitiendo nueve imparables y tres anotaciones limpias que a la postre serían suficientes para que los anfitriones lograran la victoria.

César Prieto regresó a la alineación regular motivando a sus huestes con par de dobles en cuatro turnos al bate, algo que no pudo hacer Yordanis Samón con los suyos, al irse en blanco en tres oportunidades.

Al final de la jornada, la tropa del “Rey” apenas pudo ligar un par de incogibles, salidos de las muñecas del torpedero Roberto Acevedo y del antesalista Andrés Hernández, decayendo su promedio de bateo colectivo por debajo de los 300 (286 AVE)

Mucho trabajo le ha costado a la nave capitalina enderezar el rumbo en este comienzo de temporada atacada por los fuertes vientos que genera su propio cuerpo de lanzadores y por marejadas peligrosas que han originado su defensa en el campo.

Hoy la mar estaba serena y se jugó sin pifias, pero la maquinaria de bateo que los ha mantenido a flote, se atascó de súbito. La serie es joven, que no cunda el pánico.

Nos vemos en el estadio.