Los Cocodrilos matanceros, luego de dos jornadas consecutivas utilizando municiones extras para derrotar contrarios, derrochando energías para someter a sus víctimas por escandalosos fuera de combate; se tomaron un descanso esta tarde de viernes disparando a discreción, pero los Leones capitalinos-en la trinchera opuesta-continuaron con la pólvora mojada y fueron incapaces una vez más de producir en el terreno, para continuar hilvanado una triste y amarga cadena de derrotas.

Industriales con la pólvora mojada, Cocodrilos siguen de fiesta

Por Boris Luis Cabrera

Los Cocodrilos matanceros, luego de dos jornadas consecutivas utilizando municiones extras para derrotar contrarios, derrochando energías para someter a sus víctimas por escandalosos fuera de combate; se tomaron un descanso esta tarde de viernes disparando a discreción, pero los Leones capitalinos-en la trinchera opuesta-continuaron con la pólvora mojada y fueron incapaces una vez más de producir en el terreno, para continuar hilvanado una triste y amarga cadena de derrotas.

Apenas tres veces pisaron la goma del plato los yumurinos, quienes se vieron amansados por el trio de lanzadores azules que se encaramaron en la lomita (Carbó, Lastra, y Duardo). Solo seis imparables salieron de sus muñecas y no hubo batazos de vuelta completa ni lluvia de líneas sobre el césped, pero fue suficiente para conservar el invicto en esta segunda fase del campeonato y escalar a la segunda posición del torneo.

Rey Vicente Anglada volvió a mover su alineación, cambió piezas, probó por otros caminos, buscó estrategias, e imagino que haya dado un meeting de leyenda en los camerinos; pero nada. Sus Industriales continuaron hambrientos de carreras y sus maderos siguieron silenciosos y fríos en la caja de bateo, preocupando a la exigente multitud que los persigue y los idolatra.

Solo una carrera pudieron anotar (la segunda en los últimos cuatro partidos) y prácticamente fue una donación del contrario, fabricada con tres boletos del lanzador abridor Dairon Mena y un lanzamiento salvaje que abrió las puertas del home-plate al corredor de tercera base.

En la quinta entrada, con el marcador igualado en la pizarra, parecía por un momento que esos espíritus malignos que se han alojado en la mente de sus jugadores se irían para siempre, cuando lograron congestionar las almohadillas por un sencillo de Alberto Calderón y dos intentos de sacrificio que se convirtieron en hit (uno de ellos por una decisión errada del árbitro principal que provocó la ira y la expulsión del mentor de los anfitriones)

Pero Irandy Castro salió del bull-pen y consiguió un doble play casi milagroso sobre un cohete a primera de Yoandry Urgullés y obligó a Lázaro Emilio Blanco a un elevado al cuadro para apagar por el resto de la tarde la llama que amenazaba con expandirse en el ruedo del Victoria de Girón.

Las carreras yumurinas fueron todas a la cuenta del refuerzo pirata Jonathan Carbó, quien toleró una en el mismo primer episodio cuando enterró un lanzamiento con hombre en la tercera almohadilla, luego no pudo evitar un elevado de sacrificio de Eduardo Blanco en el quinto, y una entrada más tarde le dio pelotazo a Dainier Gálvez, quien anotaría forzado por una base por bolas con las almohadillas repletas, propinada por su coterráneo Miguel Ángel Lastra.

Con esta derrota, los Leones capitalinos siguen alejándose en el fondo de la tabla de posiciones mientras las hojas del calendario caen al suelo y se van encendiendo en los rincones, una por una, esas lucecitas rojas que indican alarma y peligro, aprieto y preocupación. Nos vemos en el estadio.