Esta tarde de lunes, en un ruedo totalmente hostil de nombre Cándido González, el diestro capitalino Bryan Chi “cogió a los toros por los cuerpos” para que dos o tres de sus valientes Leones le clavaran en la nuca seis banderillas azules y el resto de los felinos los despedazaran durante los nuevos episodios reglamentarios.

Leones despiertan, Bryan Chi coge el “toro por los cuernos”

Por Boris Luis Cabrera

Esta tarde de lunes, en un ruedo totalmente hostil de nombre Cándido González, el diestro capitalino Bryan Chi “cogió a los toros por los cuerpos” para que dos o tres de sus valientes Leones le clavaran en la nuca seis banderillas azules y el resto de los felinos los despedazaran durante los nuevos episodios reglamentarios.

Los parciales de la capital vieron una luz al final del túnel cuando sus queridos Industriales regresaron del mundo de los muertos para dejar rendidos en el terreno de juego a los líderes del campeonato 6×1.

Cinco derrotas seguidas, más de cuarenta entradas sin producir en los últimos días, bates tímidos, errores mentales y una lluvia ácida de decepciones; tuvieron que soportar para volver a saltar de sus asientos y recoger las esperanzas del suelo.

El jovencito de apenas 20 años, quien fuera abucheado injustamente en su propia casa por necios fanáticos hace unas jornadas atrás, se encaramó con coraje en el montículo y mantuvo a los Toros camagüeyanos detrás de las talanqueras durante más de siete capítulos, para retomar la bandera de la certidumbre y mandar un mensaje claro a todos sus rivales: “Estamos de vuelta”.

No hubo que esperar mucho, esta vez no hubo suspensos ni despertares a medias. Desde la misma voz de “Play Ball”, la tropa de Rey Vicente Anglada saltó sobre sus adversarios y un doblete remolcador de dos carreras de Wilfredo Aroche se convirtió en un presagio para los miles de aficionados, que a esa hora pospusieron todas sus tareas del día para anclarse frente a sus radiorreceptores.

Era una prueba dura rendir al mejor equipo del campeonato en su hábitat natural. Una tarea compleja y escabrosa hacerla además en ese estadio que se desborda de fieles y frente a Frank Luis Medina, uno de los lanzadores del patio con más arrojo y calidad. Parecía una misión utópica despertar bajo esas condiciones y en medio de continuas tormentas que habían inundado los casilleros de la confianza de no pocos seguidores; pero se hizo, como tantas otras veces, como corresponde a un equipo que no por gusto atesora doce trofeos dorados en sus vitrinas y se enorgullece de su vasta historia lograda a base de osadía sobre la grama.

No es una victoria cualquiera, puede ser un punto de giro, una bocanada de aire fresco en los pulmones para una escuadra que ya no puede andar con medias tintas y vacilaciones si quiere lograr sus objetivos. Fue un guiño, una clarinada, un grito desgarrador que puede hacer milagros. El mismo director de los fieros camagüeyanos lo dejó bien claro en una entrevista: “Los Play Off necesitan de los Industriales”. Nos vemos en el estadio.

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