La gloria de Industriales es culpa de Ramón Carneado

Por: Alejandro M. Abadía Torres

Carneado instauró una dinastía de 4 años

Con el fin del deporte profesional en Cuba llegó también la desaparición de los cuatro equipos animadores de la liga invernal en la isla: Elefantes del Cienfuegos, Leones del Habana, Tigres de Marianao y Alacranes de Almendares. En su lugar nacieron las Series Nacionales de Béisbol compuestas exclusivamente por jugadores amateurs.
El 14 de enero de 1962 se dio el play-ball a la primera de las 59 temporadas que se han disputado hasta ahora. Según manifestó José Llanusa Gobel, entonces dirigente del deporte revolucionario, el nuevo torneo debía responder a dos cuestiones fundamentales: representatividad territorial y presencia de los mejores exponentes del amateurismo a todo lo largo y ancho del territorio nacional.
Atrás quedaron ídolos de multitudes, Tony Taylor, Héctor Rodríguez y compañía. La incertidumbre sobre el futuro de la pelota en Cuba provocó no pocas reacciones negativas, pues nunca antes en la historia de esa disciplina en la Mayor de las Antillas peloteros aficionados ocuparían el lugar de las estrellas de antaño.
Luego de disputarse eliminatorias en occidente y oriente salieron cuatro equipos para desarrollar la primera Serie Nacional. Los ganadores regionales del oeste, Habana, y del este, Azucareros, junto a las selecciones de Occidentales (a la postre campeones) y Orientales, compuestas por jugadores del resto de los conjuntos eliminados, integraron el selecto grupo que dejó inaugurada una nueva etapa para nuestra pelota.
Industriales no pudo acceder a ese primer campeonato tras quedar eliminado en el hexagonal occidental. Sin embargo, para la II Serie llegó al timón del equipo un exmánager de las selecciones de la Universidad de La Habana: Ramón Carneado. Abogado de formación, Carneado inauguró una dinastía de cuatro victoriosos años alcanzando el campeonato 1963, 1964, 1965, 1966. Tal hazaña jamás ha vuelto a repetirse, solo el de Pedro Jova Villa Clara de los 90´coqueteó con el record al ganar tres campañas.
Carneado logró agrupar un grupo de jugadores con características diferentes e impregnarles esa garra característica de los Industriales. Constituyó un modelo de pedagogo dentro de los terrenos, ganándose el respeto de sus pupilos e incluso de los rivales. El desaparecido Ismael Sené recordaría al exitoso mánager capitalino en su libro Desde el césped de mi estadio. De él diría Sené: “Con su paciencia, sabiduría y buenos métodos de dirección grupal, logró que este elenco tan disímil comenzara a funcionar como equipo, que jugara un béisbol de calidad, con garra y combatividad”.
A base de paciencia y valentía en la toma de decisiones este hombre dejó una huella imborrable en la historia de la pelota cubana. Cuatro coranas al hilo hubieran sido pocas de haber continuado en la nave azul. Pero la vida es injusta y algún decisor equivocado decidió “promover a Carneado a otras funciones”.
Afirmar que los azules de Cuba constituyen la insignia de nuestro béisbol acarrea siempre innumerables opiniones a favor o en contra. Cierto es que tal mística tiene su origen desde la génesis misma de este “equipo maldito”, al decir de Leonardo Padura. El nombre que se ganó Industriales se creó gracias a una de las personalidades más ilustres que han dirigido un dogout en los estadios de este país. A partir de entonces surgió esa aura, ese amor por una camiseta de 12 letras que miles de hombres han defendido dentro y fuera de los terrenos. Que no quede duda, la gloria de Industriales es culpa de Ramón Carneado.

Integrantes del equipo campeón en la II serie nacional en el año 1963