La Dra. Mariana, Industriales y el azul de la capital.

Por: Franco Miguel Alvariño Torres

Roxana Broche espera la victoria de los industriales. Foto por: Lisy del Monte

Lunes, miércoles o viernes. Nueve de la noche. El espacio en mi televisor está reservado. El Rostro de los días provoca silencio, y durante cuarenta y cinco minutos roba la atención de todos los que conmigo viven.
Cuando aún no estaba definida la trama y los roles de los personajes, al menos no para los espectadores, había un personaje que robaba mi atención singularmente. Con matices de protagonistas; un carácter imponente y una sonrisa que enamoraba hasta la Luna, La Dra. Mariana, o simplemente Roxana Broche, fue el gancho perfecto para entrar en el club de fans de la novela.
La joven que dibuja de azul los sets de la serie dramatizada, un azul que enarbola grandeza, es usualmente relacionada a los Industriales, y aunque dicha relación viene ligada a comentarios de índole humorístico, la verdad que apartando lo irónico de las opiniones, la comparación tiene sentido. Ella recuerda equipos como los de Anglada, Pedro Chávez o incluso Ramón Carneado, llenos de energía positiva y fuerza, de la misma forma que defiende su personaje.
Seguía corriendo la novela, Roxana continuaba ganando en protagonismo, y mi admiración por ella no podía ser mayor. Veía como sufría, las infidelidades de David y la ficción me sobrepasaba. Por momentos quería entrar en la pantalla y decirle todo lo que sus ojos no podían ver.
La necesidad de trabajar con ella creció cuando existió la posibilidad de vincular el deporte y la cultura, de relacionar su vestuario con marcada tendencia por el color azul al equipo insignia del béisbol cubano.
Todo comenzó gracias a las ventajas de las redes sociales, luego de varios mensajes y días de espera, la actriz accedió a conversar con nosotros. Desde el primero de los mensajes demostraba los excelentes valores que crea el Instituto Superior de Arte: respeto, disposición por el trabajo y crear alianzas con un proyecto un tanto joven, demuestran un poco más de la sencillez que caracteriza a la Broche.
Por fin llegó el día, la madrugada era interminable, demoraba en salir el Sol. ¿Cómo será? Era la pregunta que me hacía los días previos a la sección de fotos. Sería mi estreno trabajando con una estrella de tal calibre. Un poco más tarde que nunca comenzaron a salir los primeros rayos del astro rey que anunciaban mi encuentro de trabajo con la actriz del momento.
Una combinación de nervios, alegría y realización profesional me inundó en el instante que nos encontramos. El protocolo se cumplió a la perfección. La presentación y el saludo, manteniendo la distancia, presagiaban que sería una excelente mañana de trabajo.
Tras el nasobuco, ella escondía una mirada seria, pero que transmitía confianza. Yo pensaba en que todo estuviera bien, que se sintiera conforme, la verdad no veía la hora que comenzara a posar. El Bosque de La Habana nos recibió y puso a nuestra disposición excelentes locaciones.
Se peinó, maquilló y vistió en tiempo record. Con un simple listo, todo comenzó a fluir como si conociera al equipo de Industriales de La Habana de toda la vida. Comenzaron así las fotos, ella sonreía, la fotógrafa captaba instantánea que valen oro, y mientras yo tenía que cohibirme de decirle lo mucho que la admiro.
Las conversaciones eran cortas. Algún que otro chiste, y una que otras risas para relajar tensiones, aunque ella prefería permanecer concentrada. Así fueron pasando las horas. Yo intentando ponerle pausa al reloj y este que se aferraba en correr más rápido. Luego de usar una gorra de los leones, cargar un bate de pelota y mostrarnos la más lindas de sus sonrisas, ella y nosotros terminamos muy contentos con el resultado final.
Abandonamos el lugar, y en el camino a su casa yo solo pensaba en como virar el tiempo atrás. La experiencia fue linda. Al fin había logrado cumplir unos de mis sueños a corto plazo, el que se vio multiplicado por tres, pues tenía a: la Dra. Mariana, Industriales y el azul de la capital.