Industriales y la génesis de una leyenda

Por: Boris Luis Leiva Padrón

Nuevo Herald

Los tres campeonatos nacionales ganados por los leones capitalinos de la mano de Rey Vicente Anglada resumieron una de las etapas más gloriosas del plantel en el clásico beisbolero cubano, al menos, de las más recordadas por la afición azul. Sin embargo, la marca histórica comenzó mucho antes, desde la misma génesis de Industriales.
La inauguración de la I Serie Nacional de Béisbol significó cambios radicales en el panorama beisbolero del país. Entre los más notables destaca la sustitución de los cuatro equipos tradicionales de la Liga Profesional (Marianao, Cienfuegos, Almendares y Habana) y la incorporación de jugadores amateurs.
El primer triunfo de la llamada pelota revolucionaria lo obtuvo la nómina de Occidentales bajo la dirección del ex receptor profesional, Fermín Guerra. La tabla final de posiciones la ocuparon Orientales, Azucareros y Habana, en ese orden. Industriales terminó segundo en la clasificatoria regional, hecho por el cual no pudo disputar la fase final de 27 juegos. Sin embargo, la suerte mejoró para la II Serie Nacional, pues el equipo estrenó como manager a un hombre de experimentada labor en los planteles de la Universidad de La Habana, Ramón Carneado.
Aunque Carneado nunca intervino en el béisbol profesional, poseía las condiciones idóneas para asumir las riendas de algún equipo de élite nacional. Era de los preferidos de Miguel Ángel González, quien fuera propietario del Club Rojos del Habana.
En 1963 Carneado se dispuso a conformar una plantilla cargada de jugadores de diferente estilo, a los cuales inculcó el espíritu ganador que desataría en un futuro muy cercano. Según algunos conocidos, su mayor virtud fue la gran capacidad de observación durante los partidos, unida a la valentía absoluta a la hora de tomar decisiones, lo que le permitió conquistar el campeonato en el propio año de debut.
La primera corona azul se definió en una serie adicional de tres choques a ganar dos. Orientales constituyó el rival a derrotar por los capitalinos y quien ganó el primer partido con pizarra favorable de 6 x 2, con victoria del lanzador Manuel Alarcón. Industriales igualó las acciones al día siguiente, con triunfo de Cecilio Soto y marcador de 15 x 2.
Para el tercer choque Alarcón regresó a la lomita, pero el cansancio solo le permitió trabajar durante tres entradas y dos tercios. Fue relevado por el zurdo Emilio Vargas, quien perdió en diez capítulos frente al giraldillo Rolando Pastor, autor de 12 ponches.
De forma apasionante, el desaparecido investigador Jorge Alfonso Chacón describió lo sucedido aquellos gloriosos días en su obra Azules de corazón. Se definió en la parte baja del décimo inning. El torpedero Raúl Ortega conectó doblete, quien a continuación fue puesto out en tercera tras el intento de robo. Pedro Antón bateó roletazo por el campo corto y tras el error en tiro de Roilán González, pudo avanzar hasta la segunda base. En el siguiente turno Pedro Chávez recibió boleto. Después Jorge Trigoura conectó de rolling por tercera y la pifia del antesalista Ricardo Díaz de Quesada permitiría la entrada al plato por parte de Antón.
Durante la III Serie Nacional, desarrollada en el año 1964, el equipo azul lideró la tabla final de posiciones con 22 juegos ganados y 13 perdidos. El jugador con mayor presencia dentro de los terrenos fue Urbano González, quien participó en 34 de los 35 desafíos, en 126 veces al bate conectó 28 hits. Germán Águila propinó igual cantidad de imparables, aunque con una comparecencia menos.
Con mayor average ofensivo, Pedro Cruz (.346) lideró a los bateadores y Jorge Trigoura encabezó el listado de vuelacercas con 3. El lanzador Orlando Rubio descolló con el mejor promedio de carreras limpias (0,63 en 57 y un tercio de entradas); a su vez, Antonio Rubio asestó el mayor número de ponches con 37 rivales estrucados. Manuel Hurtado, con 6 triunfos, ganó más que cualquier otro monticulista en el campeonato.
En la IV Serie Nacional, en 1965, repitieron la corona, esta vez ganaron 25 y perdieron 14. Urbano González ocupó nuevamente un lugar importante en el plantel; superó los números de la campaña anterior, con 56 hits en 156 turnos al bate para un promedio de .359. Pedro Chávez disparó par de jonrones.
El lanzador con mejor PCL fue Maximiliano Reyes con 1,57, quien a la vez fue el de mayor cantidad de triunfos con seis y solo una derrota. Manuel Hurtado destacó con sus 57 ponches.
Para la V Serie Nacional de Béisbol, la última con Carneado al frente del equipo, se disputaron 65 juegos de los que los azules ganaron 40, solo dos por encima del subcampeón Orientales. Fue la primera donde intervinieron 6 equipos, siendo el plantel de Henequeneros, perteneciente a Matanzas, el último en incorporarse. Urbano González lideró otra vez el average de bateo en el equipo con .304, 76 hits en 65 turnos.
Germán Águila y Agustín Marquetti conectaron dos jonrones cada uno. En el picheo destacaron Alfredo Street con PCL de 1.09 en 74 y un tercio de entradas, y Manuel Hurtado con 9 victorias y 72 ponches.
Los azules de la mano de Carneado lograron cuatro coronas consecutivas. Quizás si hubiera permanecido en esa labor el equipo podría haber ganado más. Fue promovido a otras funciones. Su labor pedagógica frente a los jugadores dejó un record histórico en el clásico beisbolero cubano que aún no ha sido superado. Lamentablemente, fue promovido a otras funciones. Gracias a su labor los leones de la capital cubana tienen cuatro rugidos históricos desde que iniciara su camino en las Series Nacionales de Béisbol