Hablemos de Armandito, el imprescindible

Por: Alejandro M. Abadía Torres

Armandito “El Tintorero” constituye una parte importante de la historia misma del equipo Industriales y del béisbol cubano.

Armandito, el industrialista más grande

Él nunca vistió una franela, empuñó un bate, ni mucho menos lanzó una bola, tampoco poseía dotes para jugar béisbol. Pero eso sí, podía levantar el graderío del Estadio Latinoamericano a su antojo al igual que el mejor de los peloteros.

Carismático, elocuente, conversador a gritos, Armandito “El Tintorero” constituye una parte importante de la historia misma del equipo Industriales.

Armando Torres Torres llegó al mundo el 27 de diciembre de 1939 en La Habana, pero la vida le cobró una mala pasada y creció en una Casa de Beneficencia y Maternidad. Nunca se supo quiénes fueron sus padres.

Seguidor de los equipos capitalinos desde las primeras Series Nacionales, de a poco proliferó en él un amor incondicional a Industriales, misma pasión que le llevó a convertirse en símbolo de la fanaticada azul. Desde la banda de tercera base se escuchaban los rugidos del Tintorero aun cuando la escuadra local iba debajo en el marcador. Siempre esperanzado, soplaba como nadie las cornetas en busca de la gloria de sus leones. Obtuvo su epíteto tras comenzar a trabajar en la tintorería “La Cubana” hacia el año 1970, en la cual fungía como jefe de brigada.

En su libro Aquí se habla de grandes, el autor Rogelio A. Letusé La O, le describe como alguien capaz de congregar ante sí a los parciales enardecidos que coreaban, paseaban la escoba por el graderío del Coloso del Cerro, mandaban a recoger las maletas a los rivales o abucheaban al contrario polifónicamente. Siempre desde la base del respeto, pues nunca se le vió ofender deliberadamente a ningún atleta.

Quizás por ello se ganó el respeto de tantos amantes del béisbol, tanto así, que presidió la comitiva asistente al tope Cuba-Orioles de Baltimore celebrado en la urbe estadounidense. Allí, en la inmensidad del cavernoso estadio, su portentosa voz se dejó sentir ante la sorpresa del público asistente.

Referirse a la afición beisbolera cubana significa describir, casi de forma obligatoria, al legado de este personaje tan peculiar fallecido el 26 de agosto de 2004. Honremos pues la impronta y las buenas vibras de ese hombre, cuya figura esculpida en bronce custodia las gradas del Latino. En definitiva, hablemos de Armandito, el imprescindible.