El arte magistral de José Modesto Darcourt

Por: Manu Pérez Conde

José Modesto Darcourt, «El Chiqui», era puro espectáculo dentro del terreno de pelota. Muchísimos aficionados asistían al Latino solo para ver lanzar aquel zurdo endemoniado.

Perfil estadístico de José M. Darcourt

Sin lugar a dudas, Darcourt fue un jugador que logró ganarse el cariño y el respeto de la mayoría de la afición capitalina por su entrega a los colores de la ciudad. Supo imponerse en un béisbol plagado de bateadores de calidad en plena era del bate de aluminio y la pelota viva.

Su nombre constituye referencia obligada cuando al referirnos a las grandes estrellas del pitcheo que han lucido el uniforme de las doce letras. Su inteligencia para combinar rectas y curvas, combinado a su condición de lanzador «de la mano equivocada», lo hicieron llamar la atención incluso de scouts de Grandes Ligas, pero siempre dejó claro su amor por el béisbol cubano y capitalino.

En total participó en catorce Series Nacionales desde que debutó con la selección de Constructores y posteriormente defendió las casacas de Industriales y Metropolitanos. Durante las campañas que se mantuvo en activo vio acción en cerca de 300 juegos, ganando en 129 ocasiones y perdiendo 107, para un average de .547 de por vida. La verdadera superioridad de este impresionante pitcher se aprecia al revisar el magnífico 2.83 de PCL que dejó tras su retiro de los terrenos y los 1344 rivales a los que ponchó sin piedad.

A principios de los 80 se consolidó como el mejor lanzador zurdo de la pelota cubana y formó parte del equipo nacional que asistió al Mundial de Japón en 1980 y a la Copa Intercontinental de Edmonton 1981. En el año 1985 «El Chiqui» logró sobrepasar las 100 victorias, convirtiéndose en el jugador número 16 en la historia en alcanzar dicha cifra y apenas el segundo capitalino en hacerlo tras el también siniestro Changa Mederos.

Varios coinciden en que su retiro resultó precipitado, sobre todo para los seguidores de Industriales, quienes solo pudieron disfrutarlo durante las últimas tres temporadas de su carrera. En el momento que abandonó el béisbol solo contaba con 32 años. A pesar de su relativamente corta carrera, las épicas rivalidades que fomentó con hombres como Pedro Muñoz, Lázaro Madera o Cheíto Rodríguez marcaron época.

Su combatividad e intransigencia las extrapoló más allá de los campos de pelota para luchar contra una terrible enfermedad que lo persiguió por muchos años. Por momentos parecía que derrotaría también a este fatal enemigo, pero su avanzado cáncer terminó por segarle la vida demasiado pronto y su pérdida tocó la sensibilidad de miles de aficionados que tanto disfrutaron verlo en acción.