¿BOICOT O MALA SUERTE?: Marcos Ortega exhibe inmerecido promedio de ganados y perdidos

Las llamadas estadísticas tradicionales están en el béisbol para analizar los departamentos más básicos del juego, sin embargo, muchas no llegan al reflejo más acertado. Es ahí donde entra la sabermetría, para hacer justicia a peloteros subvalorados, como el caso de Marcos Ortega en la actual temporada. 

El lanzador granmense, devenido industrialista, posee uno de los peores records en cuanto a ganados y perdidos, con una sonrisa y cinco descalabros, además de un Promedio de Carreras Limpias igual a 4,81; lo cual a simple vista pareciera un mal rendimiento, aunque sea totalmente lo contrario. 

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Si ponemos bajo la lupa sus promedios son bastante buenos, le batean para .265, un WHIP de 1.58, OBP de .359 y SLG de .380, cuando la media para los abridores en la Serie Nacional es de .280/1.57/.367/.390 respectivamente. Entonces ¿por qué le cuesta tanto ganar los partidos? 

Hay una razón para justificar el balance de victorias del derecho, y esa es el poco apoyo ofensivo y defensivo que recibe en cada una de sus aperturas. La cantidad de carreras a favor por cada nueve innings (RS/9) es de 3.98. Imposible para ganar en nuestra pelota, a su vez curioso cuando la media en Industriales alcanza las 6.96. 

De igual forma, pese a su PCL, si calculamos la estadística Pitcheo Independiente de Fildeo (FIP por sus siglas en inglés) encontraremos otra. Dicho departamento nos ofrece una descripción más acertada del desempeño de un lanzador, pues una vez la pelota es puesta en juego, el pitcher no tienen ningún tipo de control sobre como sus defensores jugarán el batazo; así que FIP evalúa exclusivamente los contactos bajo su control. En este caso, Ortega bajaría su promedio de carreras permitidas a 4.21 ¿sorprendente, no?

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Por si no fuera suficiente, Marcos ha tenido tres salidas de calidad, o sea, ha lanzado al menos seis entradas permitiendo un máximo de tres carreras, solo superado por las cuatro de Pavel Hernández. Tiene un promedio de 7.53 ponches y 5.02 bases por bolas cada nueve entradas, para 1.50 ponches por cada una. En todos los casos, el mejor registro para un abridor capitalino. 

Los números no dejan mentir, pues su campaña ha sido fenomenal pese a la frialdad encontrada en los maderos y guantes de sus compañeros. Si ha encontrado tantas veces la derrota, poca culpabilidad presenta; y es que como dice una colega: “presenta el síndrome Freddy Asiel”. 

Por Enzo Benítez